Procrastinación

PROCRASTINACIÓN

LA ASESINA DE TU

PRODUCTIVIDAD

Esfuérzate y Hazlo.
01 JUN. 2022

¿Has sido de esos que alguna vez ha dicho la típica frase “mejor lo hago mañana”? si es así, probablemente se deba a que estás procrastinando tus tareas, por lo que el mejor consejo que puedo darte es que “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy” y continúes leyendo este artículo que te ayudará a ser más productivo.

Tal como lo puedes haber deducido, la procrastinación es la acción de retrasar o postergar actividades que deben ser realizadas, dándole nuestra atención a cualquier otra tarea que nos genere una gratificación inmediata.

Por consiguiente, cuando una persona procrastina no cumple con la lista de tareas diarias que debe realizar, mermando significativamente su productividad, razón por la cual, si esta logra convertirse en un hábito y no en un hecho aislado, el individuo pudiese estar comprometiendo sus metas o sueños a mediano y largo plazo.

Pero… ¿por qué procrastinamos?

Si bien es cierto, en alguna medida todos procrastinamos y esto sucede por una especie de duelo que ocurre en nuestro cerebro entre el lado emocional y el racional.

Mientras el neocórtex imprime su máximo esfuerzo en controlar las emociones para que podamos actuar de manera consciente, autoreflexiva y con motivación, el sistema límbico del cerebro, que es el encargado de regular las emociones, busca la satisfacción inmediata, centrándose solo en el ahora.

Es por eso que, para el sistema límbico es más importante ver ese capítulo en Netflix que nos morimos por ver antes que hacerle caso al neocórtex y levantarnos del sofá para ir a hacer esa tarea que tanto hemos postergado, aún si nuestro futuro depende de esta.

De allí que la única diferencia entre una persona que procrastina y otra que no lo hace, es el nivel de autocontrol, disciplina, responsabilidad e incluso motivación que decida tener.

¿Cuáles son los tipos de procrastinación?

Contrario a lo que puedas estar pensando, no hay un solo tipo, sino que este problema es tan común en las personas y se puede dar por tantos factores, que existen hasta 5 clases diferentes de procrastinadores, que a continuación te enumeramos:

El desmotivado:
El factor más recurrente para procrastinar es la desmotivación, no hacer lo que tenemos que hacer por el simple hecho de que no nos gusta, ya sea de manera consciente o inconsciente, puede llegar a resultar un pie de tranca en la persecución de nuestros objetivos.

El ser perfeccionista:
Ciertamente el perfeccionismo nunca ha sido considerado como una cualidad y la principal razón de esto es que las personas que tienen esta característica suelen tener miedo al fracaso, minimizando a toda costa los márgenes de error, el problema es que en ocasiones, esto se vuelve una causa de procrastinación y pierden tiempo hasta en los más mínimos detalles, llegando incluso a huir de la actividad que deberían ya haber concluido.

El impostor:
Esta sucede cuando las personas no se creen capaces de llevar a cabo la tarea que les fue asignada, o bien creen que, de hacerla, la actividad no llegaría a buen término, por lo que temen decepcionar a otros.

El abrumado:
Este tipo de procrastinación cobra como víctimas a personas que están estresadas o tienen mucha carga de trabajo pendiente dado que “no saben por dónde empezar” y en consecuencia deciden simplemente no hacer nada.

El apostador:
Es la típica persona que considera que trabaja mejor bajo presión y arriesga el todo por el todo al hacer el trabajo a última hora, porque no sabe cuándo esta maniobra le pueda salir mal y no alcanzarle el tiempo para culminar la asignación.

Las consecuencias que te puede dejar la procrastinación

Luego de conocer todo lo anterior, resulta evidente el hecho de que la procrastinación, lejos de ser una práctica positiva, resulta un hábito inapropiado y que debe ser evitado a toda costa si queremos ser personas productivas y responsables.

De lo contrario, pudiésemos ser víctimas de emociones y situaciones desagradables que se generen a partir del incumplimiento o postergación de las tareas pendientes como, por ejemplo: frustración, desánimo, vergüenza, insatisfacción, culpabilidad, inseguridad, inferioridad y estancamiento, pudiendo llegar a generar que otros pierdan el respeto y la confianza en nosotros.

Así mismo, este escenario pudiese resultar en que los grupos te rechacen al momento de trabajar o que, peor aún, tu trabajo se vea comprometido por haber postergado tareas que necesitaban resolverse de manera efectiva.

¿Cómo puedo dejar de procrastinar?

Ahora bien, ya que leíste las consecuencias sociales y laborales que puede llegar a tener la procrastinación, seguramente querrás saber cómo puedes dejar de procrastinar… Y acá te presentamos dos de los métodos más sencillos para que empieces a crear el hábito de ser más productivo:

La regla de los dos minutos:
Si hay algo cierto es que a veces postergamos tareas tan sencillas y rápidas de hacer que no nos tomarían más de 2 minutos. Es por esto que este método se centra en “sacar del camino” a todas esas actividades pendientes que se pueden hacer en solo 120 segundos o menos, como lavar los platos luego de comer, enviar un correo o sacar la basura.

El método Pomodoro:
Esta técnica es muy famosa dada a la efectividad que reportan personas que lo han implementado. Consiste en trabajar de manera absoluta y concentrada durante 25 minutos, para luego descansar por otros 5 al término del turno de trabajo, una vez cumplidos cuatro de estos ciclos, el descanso se llevará a 20 o 30 minutos. Aunque estos son métodos que se crearon por separado, ciertamente si los combinamos podemos lograr resultados muy favorables, recobrando al instante nuestra efectividad y sintiéndonos cada vez más productivos.

Reflexionemos juntos…

Y si aún estos métodos no te convencen para dar el primer paso con el fin de dejar de procrastinar, prueba con estas otras técnicas que seguramente te ayudarán a hacer más llevaderas esas tareas que te cuesta realizar:

  1. Identifica cuáles son tus distracciones.
  2. Empieza por la tarea más complicada.
  3. Divide las tareas grandes en partes más pequeñas.
  4. Haz la noche anterior, una lista y un horario de las tareas del día.
  5. Prepara tu espacio de trabajo, alejando elementos distractores.
  6. Primero las actividades pendientes y luego el placer.
  7. Trabaja en mejorar tu concentración.

Finalmente, responde con mucha franqueza esta pregunta y colócala en un lugar donde la puedas ver cuando sientas la tentación de procrastinar:

¿Cuál es mi propósito de vida?

Si estás teniendo intención de distraerte y procrastinar, léela y acto seguido responde mentalmente lo siguiente: ¿cómo me ayuda o acerca esta tarea que tengo que realizar a mi propósito de vida?

De esta manera, tendrás siempre presente que la actividad que realizarás, aunque te cueste, la estás haciendo porque te ayuda a estar un paso más cerca de la persona que quieres ser en un futuro y que convertirte en esa persona solo depende de ti.

Además, recuerda que según el psicólogo William James, para forjar un hábito solo necesitas 21 días, por lo cual, si te esfuerzas durante las próximas 3 semanas, seguramente luego de ello te será mucho más fácil seguir una rutina productiva que te lleve a cumplir poco a poco tus sueños de vida.

¡Vamos! Esfuérzate y Hazlo.

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